Ira-frustración

Como cualquier emoción la ira es necesaria, pero cuando la estamos sintiendo podemos reaccionar de forma impulsiva y tomar decisiones arriesgadas y contraproducentes para nuestro bienestar llegando a decir o hacer cosas de las que después nos arrepentimos. Si nuestros arrebatos de ira se vuelven cada vez más frecuentes puede que lleguemos a tener un problema.

El enfado crónico tiene consecuencias nefastas para la salud: hipertensión, cefaleas, debilitamiento del sistema inmune… En lo psicológico, vivir siempre enfadado termina provocando tristeza y depresión, entre otras razones por el gran deterioro que esta emoción produce en nuestras relaciones interpersonales.  El eterno gruñón suele ser hipercrítico, discute por constumbre y reacciona con violencia, por lo que suele acabar solo.

Afortunadamente la ira se puede aprender a gestionar, por nuestros propios medios o con ayuda de un profesional. Lo primero que podemos hacer es detectar dónde y con quién nos alteramos con más frecuencia, por ejemplo, hay personas que difícilmente pierden la calma en un entorno laboral y, sin embargo se descontrolan fácilmente con la pareja o seres más queridos, lo cual es especialmente frustrante para éstos.

Felicidad

Un poco antes de que la humanidad existiera, se reunieron varios duendecillos para hacer una travesura. Uno de ellos dijo: -Debemos quitarles algo a los seres humanos… pero ¿qué? Después de mucho pensar, otro dijo: -¡Ya sé!… Vamos a quitarles la felicidad.

El problema es donde esconderla para que no puedan encontrarla. Propuso el primero: -Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.

-No, recuerda que tienen fuerza; alguno podría subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán dónde está – replicó otro.

Se escuchó una nueva propuesta: -Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar.

Otro de los duendes señaló: -No , no olvides que son curiosos, alguno podría construir un aparato para bajar, y entonces la encontrarán.

-Escondámosla en un planeta bien lejano de la tierra – propuso otro. -No – le dijeron. Recuerda que les dieron inteligencia, y un día alguno construirá una nave para viajar a otros planetas y la descubrirá, y entonces todos tendrán felicidad.

El más astuto y viejo, que había permanecido en silencio escuchando atentamente a cada una de las propuestas, dijo: -Creo saber dónde ponerla para que nunca la encuentren… Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono: -¿Dónde? -La esconderemos dentro de ellos mismos. Estarán tan ocupados buscándola afuera que nunca la encontrarán…

Todos estuvieron de acuerdo y desde ese entonces ha sido así…

Amor

—Te amo —dijo el Principito.
—Yo también te quiero —respondió la rosa.
—Pero no es lo mismo —respondió él, y luego continuó— Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía. Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes. Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados. Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo.

Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro. Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar. Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento.

Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza. Y conocerse es justamente saber de ti, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.

Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.

Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como pareja, padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí. Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.

—Ahora lo entiendo —contestó ella después de una larga pausa.
—Es mejor vivirlo —le aconsejó el Principito.

Alegría

La Alegría es una de las emociones básicas de la persona, junto con el miedo, la ira, el asco, tristeza, sorpresa. Pero nos compensa defender la Alegría.
A continuación os dejo un bonito poema de Mario Benedetti a la Alegría:

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rabia
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

Defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

Defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de las canallas
de la retórica y los paros cardiácos
de las endemias y las academias

Defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

Defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

Defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar 
y también de la Alegría

Mario Benedetti

Las emociones. Determinantes del bienestar físico, psicológico y social.

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VIERNES 7 DE OCTUBRE

Estimados alumnos, en las próximas entradas de este blog incluiremos información sobre las sesiones que componen el curso de las emociones, determinantes del bienestar físico, psicológico y social. Esperamos veros por aquí y trabajar estos importantes temas, pasando igualmente un buen rato juntos.

PRESENTACIÓN DEL TALLER

Las emociones y los estados emocionales desempeñan funciones enormemente significativas para nuestra vida, entre ellas: a) nos preparan para actuar (lo que corresponde con su función adaptativa); b) constituyen un instrumento muy efectivo para la comunicación ya que expresan nuestro estado de ánimo a la vez que sirven para detectar el estado de ánimo de otras personas (función social ya que facilitan la interacción social) y en este sentido y, c) facilitan la realización de conductas motivadas (lo que hace referencia a la función motivacional de la emoción).

Sin embargo, una de las funciones más importantes de la emoción es su papel determinante a la hora de percibir el entorno. En este sentido, existe evidencia de que la realizad depende del modo en que evaluamos el mismo ambiente. Así, cuando estamos alegres evaluamos la misma persona, acontecimiento o situación de modo totalmente diferente a cuando estamos enfadados o angustiados. En este sentido, las emociones y los estados emocionales, incluso aquellos de baja intensidad y corta duración, influyen en el modo en que pensamos así como en los contenidos de nuestros pensamientos.Continue Reading